Meses después
— ¡Líam tu puedes pequeño!— Gritaba Rodrigo sentado en el suelo lleno de alegría.
El pequeño de la casa finalmente estaba listo para dar sus primeros pasos.
Y el receptor de ese esfuerzo sería su bisabuelo.
— ¡Vamos muéstrales a estos incrédulos de lo que eres capaz!— Gritaba continuamente el hombre, al mismo tiempo que se esforzaba por mantener el total de la atención del niño en el con movimientos exagerados de sus brazos.
— Tranquilo abuelo que se te van a dislocar los brazos,