Damián golpea el escritorio con ambas manos, provocando un fuerte sonido que exalta a Mariana, la cual intenta sostenerle la mirada, como para mantenerse firme en su trabajo.
—Cuida tus palabras, Mariana, el jefe soy yo y si tienen que esperar hasta una maldita hora lo harán, porque yo mando, ¿te queda claro? Mi matrimonio no lo vuelvas a mencionar, porque si estás muy herida porque ya no me interesas, es tu problema. Las puertas están abiertas y te puedes largar.
Ella tensa su mandíbula. El sab