—¿Por qué me odias tanto, Damian? ¿Qué te hice para que seas tan malo conmigo? —Su pregunta resuena en toda la habitación.
—¡Porque detesto estar casado! ¡Porque las malditas reglas familiares me han llevado a casarme contigo! —La señala—. ¡Porque no puedo vivir mi vida libremente en paz! ¡Eres un tormento en mi vida, Alice! —espetó, y ella se lleva la mano libre al pecho. Le duele, le arde el alma, se siente destrozada.
—¡Qué culpa tengo yo de tus estúpidos errores de inmadurez! En esta vida, a