—¡Te prohíbo, Mariana, que vuelvas a decir algo así! —la señala y la mira con dureza.
—¡Jamás me has gritado y mucho menos me has señalado, Damián! Hemos sido tú y yo por años y jamás vas a encontrar una mujer como yo: hermosa, sexy y, además, amplia. Una mujer que ha estado dispuesta a satisfacerte en todo.
—¡No estás obligada a hacerlo! —vociferó dándose la vuelta y ella se apresura a agarrarlo del brazo.
—No me siento obligada porque amo estar contigo, pero tú y yo hacemos un buen equipo en l