Su frente se arruga sobre esos ojos tormentosos, y cuando se encuentran con los míos, no puedo contenerme. Me adelanto, pegando mi cuerpo al suyo, dejando que su familiar olor a cedro, jabón y Gray me envuelvan.
Sus brazos fuertes me rodean y casi lloro. Mi cuerpo se derrite, agarro su camisa. Estoy justo donde pertenezco, pero el momento se ha
cortado. Él endereza su espalda y se aleja, agarrándome la parte superior de los brazos con ambas manos.
—No podemos hacer esto.
Los fragmentos de vidri