Mundo de ficçãoIniciar sessãoMi teléfono no dejaba de sonar, pero no podía contestar, no a Leo, porque él se había convertido en algo demasiado doloroso de enfrentar; además, no quería tener que escuchar más de sus palabras que me herían. Y tampoco podía responder a Ángel, o a papá, yo ni siquiera era capaz de articular una palabra sin ponerme a llorar.
Pero, al contrario de lo que le había dicho a Leo, sí me importaban esas







