35. Capítulo
—Buenos días —canturreo, apareciendo en la cocina, recién me levanto, pero siento que hoy la mañana me sonríe, y lo mínimo que debo hacer es devolverle el gesto.
—Clara —se gira, antes me percato que se mete algo a la boca y toma un sorbo de agua.
—¿Cómo estás?
—Bien —se apoya de la isla, y yo me ubico en un taburete.
—Me da gusto.
—¿Tienes hambre?
Se me hace tan tierno que lo pregunte, ha sido así desde el primer día, pero yo no soy una lisiada y sin importar que no haga un platillo a la