58. Capítulo
Encuentros Incómodos
...
La frialdad que habita este instante me congela la sangre, me suspende, no sé qué palabra surgirá de la boca de Niccolò, ni lo siguiente que emitirá Rossi. Mi corazón se detiene en este momento.
—¿Cómo estás Niccolò?
—Estaba bien hace unos minutos, ¿es tu galería? —lanza, serio.
—Yo no lo sabía, Nic —susurro.
Guido asiente sin dejar de verlo.
—No puedo seguir en este lugar, lo siento mucho Clara —se dirige a mí, antes de marcharse.
Me quedo petrificada, viendo a G