21. Capítulo
—No te disculpes, no hay por que hacerlo —le resta importancia.
—Gracias, por cierto, ¿me darías tu número? —aclaro mi garganta —. Si no tienes inconveniente.
—No te daré mi número —asegura, cerrándome la boca de golpe. Muero de la vergüenza, a punto de reclamar estoy, intercede —. Solo bromeo.
Y sonríe, sigo toda sonrojada, ardiendo en la congoja que ya pasa ante su aclaración.
Me ha salido chistoso el italiano.
—Vale, me lo creí. Deja que busque mi teléfono, soy malísima apuntando mental