Capítulo 67 – Redescubriéndose
El sonido del mar era una melodía constante, relajante, casi hipnótica. Isabela cerró los ojos y dejó que la brisa cálida acariciara su piel. El sol acariciaba suavemente su rostro, mientras las olas rompían con suavidad contra la orilla. Allí, en la playa, lejos de todo lo que había pasado, sentía que podía respirar un poco más fácil. Por fin estaba en un lugar donde el tiempo parecía detenerse, donde la paz parecía al alcance de la mano.
Gabriel la observaba con