Capítulo 52 – El fuego que renace
La noche envolvía la mansión en un silencio cálido, roto solo por el sonido del viento suave contra las ventanas. En la habitación, la luz tenue de las lámparas bañaba las sábanas con un resplandor dorado, creando sombras danzantes en las paredes.
Gabriel estaba recostado en la cama, con el torso desnudo, disfrutando del peso de Isabela a su lado. Pensó que ella se acurrucaría en su pecho, como siempre lo hacía antes de dormir, pero sintió cómo su cuerpo se mov