Isaac
Es hermosa. De esas bellezas sobre las que poetas habrían escrito sonetos interminables. Esa larga cabellera negra, esos curiosos ojos verde avellana, esos labios carnosos y deliciosos. Cada curva de su cuerpo estaba diseñada para hacer caer de rodillas a un hombre, y yo me arrodillé con gusto la otra noche. Me aprietan los pantalones solo con el recuerdo de nuestro encuentro, de su humedad y sus gemidos de placer. De sus muslos carnosos y cremosos, sus generosos pechos, su hambre insacia