Capítulo 86. Una sorpresiva verdad.
Xavier escuchó las súplicas desesperadas de Kate, entendió su lógica y asintió en silencio. Sabía que esas noticias les causarían daños a las empresas de su familia, tanto a los Ferrari y los Sebastini, pero en ese momento su principal prioridad era encontrar a su hija y asegurarse de que estuviera a salvo.
No podía dejar de maldecir a Laurent, esa mujer era el demonio personificado, inhalaba pura maldad, le costaba creer, como una persona podía tener el corazón tan contaminado como ella.
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