Ronan
El sonido del agua no es constante.
Eso es lo que me delata.
Las burbujas suben… se apagan… vuelven.
Como su respiración.
Estoy de pie en medio de mi habitación, completamente inmóvil, con la mandíbula tan tensa que me duele. No necesito verla para saber lo que está haciendo. Lo siento. En el pecho. En la espalda. En el bajo vientre. En ese punto exacto donde el vínculo, todavía sin nombre, tira como una cuerda invisible.
Barack se agita dentro de mí.
—No —gruñe—. No entres.
Sus palabras