Liora
—¡Ronan! ¡Ronan!
Mi propia voz me sonó lejana.
Desesperada.
Rota.
Ronan se desplomó frente a mí como una montaña derrumbándose y el sonido de su cuerpo golpeando el suelo del pasillo me atravesó el pecho.
No.
No, no, no.
Eso no podía estar pasando.
Los cambiaformas no enfermaban.
Los alfas como Ronan menos.
Me dejé caer de rodillas junto a él inmediatamente mientras mis manos temblaban sobre su rostro sudoroso.
Su piel estaba pálida.
Demasiado pálida.
Y el miedo que sentí…
fue tan brutal