Se dio la vuelta y sus ojos enrojecieron al instante.
—Estar nuevamente a tu lado ya me hace feliz. Lo de anoche... lo consideraré solo un sueño.
Cuanto más hablaba así, más incómodo se sentía Miguel.
Julieta, que sabía exactamente cómo manipular sus sentimientos, hizo ademán de marcharse.
Como era de esperar, apenas dio un paso, Miguel la agarró de la muñeca.
—Me haré responsable de ti.
Una sonrisa triunfal apareció en la comisura de los labios de Julieta, pero cuando se volvió bruscamente haci