Jack, transformado en un lobo enorme, salió disparado hacia la entrada de las cavernas. Sus patas retumbaban contra la piedra húmeda, dejando un eco que parecía anunciar una tormenta inminente. Su pelaje oscuro se erizaba, y sus ojos, encendidos como brasas, ardían de furia y expectativa.
—¡Reúnanse! —ordenó con un rugido gutural que atravesó los túneles—. ¡Todos atentos, vienen lobos en esa dirección!
Uno a uno, los guerreros de su manada emergieron de las sombras de la caverna, inclinando la