El sol apenas se alzaba en el horizonte cuando Logan salió de su habitación, con el ceño fruncido y las emociones a flor de piel. Había pasado la noche sin dormir, pendiente del más leve movimiento de Mia, atento a su respiración, a sus gestos incluso dormida. Algo en ella lo inquietaba... y no era solo el deseo que se le instalaba en el pecho como una bomba de tiempo, sino esa conexión extraña, salvaje, que su lobo no dejaba de mencionar.
Por más que hubiese querido dormir en otra habitación s