La luna estaba alta, coronando el cielo oscuro con su luz plateada mientras el viento mecía las copas de los árboles con un silbido inquietante. El bosque temblaba bajo la presencia de docenas de lobos que avanzaban con paso firme, sus ojos reflejando la claridad nocturna como brasas encendidas.
Owen caminaba al frente de su manada, con el ceño fruncido y la mandíbula tan tensa que parecía que sus colmillos se quebrarían por la presión. Sus hombres marchaban detrás de él, guerreros de pelaje gr