Russell estaba feliz y aliviado.
Su preciosa esposa por fin se había recuperado. Pero notó algo distinto en ella. Cerró los ojos por un momento, percibió odio, impotencia y miedo. Ella estaba atrapada en los recuerdos de la torturada.
―Salgan ―dijo Russell.
El personal obedeció. Menos, Ulises y Roger. La loba no paró de gruñir a Russell con el hocico arrugado y los dientes expuestos. Ciega por el cúmulo de emociones negativas, ladró en advertencia. Sus ojos no pararon de enfocar en los tres hom