Capítulo 39: Mi lugar

Helena permaneció inmóvil en su sitio.

Esperó a que Russell se moviera, pero él no lo hizo. Ella intentó salir de esa prisión, pero el gruñido lobuno la detuvo.

Quieta, esperó otro rato más. Él por fin hizo un movimiento, pero en lugar de retirarse, se acostó en ella y se acomodó.

―¿Qué está haciendo? ―preguntó Helena.

―Estoy cansado ―respondió Russell con calma.

La cara de Helena se tornó fría por la evidente mentira.

―¿No se supone que estamos entrenando? ―cuestionó ella con dureza.

―Sí, pero
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