Helena consideró todo aquello como una locura.
Su raza se había escondido muy bien entre los humanos. Tanto, que les resultó difícil detectar a otros de su especie si no eran parte de la manada.
«¿Ya fuimos descubiertos y no nos hemos enterado?», pensó ella.
Russell la miró. Helena se había perdido en sus pensamientos. Notó cómo ella trató de procesar toda la información.
Él, por primera vez, sintió algo de temor.
No quería abrumarla, pero le dio la razón: ella también había perdido a su padre.