El sol sigue alto en el cielo cuando finalmente nos despedimos de Carlos y María. Después de demasiadas preguntas, sonrisas fingidas y nervios disfrazados de tranquilidad, los vemos alejarse.
Suelto un suspiro largo, tan pesado como el calor que nos rodea y, sin decir una palabra, camino de regreso a la playa con paso decidido. Apenas llegamos a nuestro rincón de arena, me dejo caer sobre la reposera con un gemido de puro agotamiento.
Alejandro, en cambio, se ríe con esa expresión burlona que ya