- ¿Otra casa? -Le preguntó el viejo calvo con el ceño fruncido.
Pese a su edad Adriano seguía siendo un hombre muy perspicaz y también era temido por su constante ceño fruncido y respetado por su responsabilidad, sabiduría e inteligencia por ello debía andar con cuidado que no descubriera sus verdaderos motivos por los cuales quería huir de la casa de su hermana mayor.
- Sí -respondió ella mediante un susurro-. Aunque sea una muy pequeñita, voy a buscar trabajo como mesera en el bar así que pue