Las ganas de llorar y el rencor se juntaron pero Tabbee sólo mordió sus labios para no perder el control.
Lo odiaba, Dios sabía cuánto lo odiaba.
Un minuto después Manuel y Keith los ayudantes de Mario trajeron al macho cambiaformas dopado dejándolo en el frío suelo, Tabbitha no lo miró, ya no sentía compasión más que por ella misma.
Se sumó en un fatídico silencio que necesitaba mantener, si por alguna razón él despertaba ella sabía que la lastimaría como ya los otros habían hecho incluyendo a