La mañana posterior al encuentro en el claro trajo consigo más que un nuevo amanecer: era el preludio de un momento que marcaría la historia de las manadas.
La luna llena se desvanecía lentamente en el cielo pálido, pero su influencia seguía latente en el aire. El bosque entero parecía contener el aliento, como si esperara el siguiente paso de quienes estaban destinados a cambiarlo todo.
Lía y Kael regresaron al corazón de la Manada de Piedra. A su alrededor, los ojos de lobos y humanos los seg