La corriente del río rugía con fuerza, arrastrando a Alaric como una hoja llevada por el viento.
—¡¡MAMIIII, MAMITAAA!! —gritaba el pequeño cachorro, aterrorizado.
Luna Adalet sintió que su corazón se detenía al verlo ser tragado por el agua.
—¡Alaric! —gritó la hembra, su voz resonando sobre el estruendo del agua.
El sonido de la corriente era ensordecedor, un siseo constante que la llenaba de pánico.
El cachorro, con su aura dorada de protección que normalmente brillaba en momentos