—¿Tienes algo que preguntarme?
Su voz sonó serena, pero había algo en sus ojos que no me permitía mentirle. Me quedé paralizada, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—E-eh… —tartamudeé, bajando la mirada por reflejo.
Alan dio un paso más hacia mí, ladeando la cabeza.
—Sé que has estado en mi habitación.
Tragué saliva con dificultad. El corazón me dio un vuelco.
—No, yo solo… —Intenté improvisar una excusa, las palabras salían torpes—. Te estaba buscando cuando desperté y...
Una carcaj