—La basura se sacó sola.
—Amyra...
—¿Qué? Es verdad. Lo mejor que pudo hacer fue largarse... y que ni se le ocurra volver.
Bajé la vista al suelo y suspiré, incapaz de contener las lágrimas al pensar su nombre. ¿Cómo era posible que algo que creí tan puro hubiera nacido de un odio tan profundo? El estómago se me revolvía al recordar.
Acaricié mi vientre con una mezcla de tristeza y temor, como si pudiera protegerlo del pasado.
—Todo estará bien, lobita —dijo Amyra, abrazándome con fuerza, como