El aire en la habitación cambió, denso, eléctrico, como si contuviera una tormenta a punto de estallar. Allí estaba, apoyado con desenfado en el marco de la puerta, con ese mismo porte insolente que siempre lo había acompañado… pero algo en él era distinto.
— Kael… — Susurré nerviosa.
Kael era todo lo que el tiempo no había logrado erosionar… y todo lo que el tiempo había endurecido. Mis ojos lo recorrían, lo devoraban.
Alto, de complexión atlética, su presencia llenaba la habitación sin nec