Leonard
El aire nocturno es pesado cuando cruzo las puertas de mi territorio con la pequeña loba en brazos.
Mis pasos resuenan con autoridad en los adoquines de piedra, y no tardo en notar las miradas curiosas de algunos de mis hombres.
Pero nadie dice nada.
Nadie se atreve.
Excepto él .
— ¿Quién demonios es ella?
La voz de Alex, mi beta y mi mano derecha, resuena en el patio.
Lo encuentro de pie en los escalones que llevan a la gran casa del Alfa, con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceñ