Evelyn
Leonard y yo nos dirigimos a una de las salas de reuniones de la mansión, donde Clara nos espera. Cuando llegamos, la encontramos de pie, con los brazos cruzados, caminando de un lado a otro con evidente impaciencia. Al vernos entrar, su mirada se endurece y frunce el ceño.
—Por fin —su voz es un filo de irritación—. Pensé que nunca iban a tomarme en serio.
Leonard suelta un gruñido bajo y cierra la puerta detrás de nosotros.
—Cuidado con tu tono —advierte, su voz llena de peligro conteni