Capítulo 47.
—Hay una forma. —repitió él, con ese tono grave que hacía que mi piel se erizara.
Parpadeé, incrédula.
—¿Cómo…?
El lobo blanco volvió la vista hacia la ventana, como si midiera sus palabras con cuidado. Su cuerpo se notaba más estable que hacía unos minutos, aunque la sombra de dolor seguía en su voz.
—El mismo poder que utilicé para traer a tus padres después del ataque… puede servir para algo más. —al girar su cabeza, sus ojos azules ardieron con un brillo extraño—. Lo llamamos *el