Capítulo 43.
Con el paso de los días, mi rutina no cambió demasiado: entrenamientos, trabajo con el ganado, lecciones de supervivencia. Pero algo dentro de mí sí cambió. El tiempo que pasaba con el lobo blanco comenzó a ser el más esperado que cualquier otro momento del día.
No lo decía en voz alta, claro, pero me sentía… ligera. Más tranquila. Incluso cuando los entrenamientos eran duros o cuando los adultos nos cargaban con responsabilidades extra, ya no me frustraba como antes el progresar a mi ritmo