Capítulo 22.
A la mañana siguiente me levanté con el sol.
Ya que técnicamente era un entrenamiento secreto, el señor Arthur, el lobo blanco y yo salimos de la manada.
En mis brazos llevaba los materiales necesarios que había pedido el señor Arthur y daba pequeños brincos felices al seguirlo.
Y, bueno, yo tenía una idea diferente a lo que sería este entrenamiento.
La risa del señor Arthur sonó con un eco en la quietud del bosque en cuanto llegamos a un sitio "adecuado" y lo primero que salió de mi b