Permanecimos en silencio durante mucho tiempo hasta que desidimos ducharnos y alistarnos para el servicio funerario de Tamy. Incluso Miguel se levantó y se fue para estar listo a tiempo.
Soria y yo caminamos para la iglesia sin decirnos ni una palabra.
La luz tenue de la mañana se filtraba a través de los vitrales de la iglesia, proyectando patrones de colores sobre el suelo de piedra. Los murmullos de los miembros del pueblo llenaban el aire, mezclándose con el aroma del incienso que flotaba e