Me desperte abruptamente, el corazón latiéndome con fuerza, como si quisiera escapar de mi pecho. La oscuridad de mi habitación me envolvía, pero no era la oscuridad a la que estaba acostumbrada. Era densa, inquietante, como si los ecos de mis pesadillas aún danzaran en el aire. En mi mente, la imagen era clara: un lobo negro con ojos dorados, brillando como dos faros en la negrura. Cada vez que cerraba los ojos, ese lobo me acechaba, y cada vez que me despertaba, Tamy se desvanecía un poco más