A lo lejos escuché una voz profunda que me decía —Despierta—
Desperté de aquel sueño, el corazón latiendo con fuerza mientras la luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas. La pesadilla aún me perseguía, como un eco persistente que se negaba a desvanecerse. En ella, un gran lobo, me llamaba desde la oscuridad, sus ojos suplicantes para que lo siguiera. Era como si su espíritu intentara comunicarse conmigo, advirtiéndome de algo que yo no podía entender por completo. A medida que me