Doha, Qatar:
Omër:
—Lo que quiero decir, hijo mío, es que no comprendo tu negativa a tomar otras esposas.
Contemplo a mi madre en silencio, con ceño fruncido.
—Muy simple. Sabes de sobra lo paranoica que es Nuur. Tú misma tuviste que despedir a todas las sirvientas de la mansión, porque la condenada mujer creía que yo la traicionaba primero con una, luego con otra…
—Eso no es lo mismo. – me interrumpe ella.- en esas ocasiones, Nuur solo defendía sus derechos, no eres ningún santo hijo, y viendo