Christian:
Despierto y ella ya no está.
Salgo de la cama, liberando un gruñido de frustración, y notando que son las dos de la tarde.
Tomo mi celular, pero no necesito llamar, porque suena en mi mano, y es mi primo.
—Te dije que resolverías más fácilmente esta situación si la secuestrábamos.
Dejo el celular en alta voz, mientras comienzo a vestirme con impaciencia.
—¿Dónde está?- macullo.
—Hace cinco minutos tomó un tren rumbo a París.
Grrrrr.
—¿Y cómo va tu asunto?- me peinó con rapidez, toman