Sofía:
Dos semanas luego de enviar a la Fiori a la Ciudadela, me encuentro viajando con mi marido precisamente para llegar allá.
Alexis está callado, me mira de medio lado, y se remueve inquieto.
—¿Por qué tenemos que ir?- me interroga, molesto.
—Quiero llevarle a la chica unas cosas que compré para los bebés.
El eleva una ceja, y me sonríe, con socarronería.
—¿Ya has aceptado que los pequeñines pueden ser nuestros nietos?
Comprimo los labios, y lo miro con mala cara.
—Hasta que no esté el resu