Rose:
Estaba en mi habitación, tejiendo unos abriguitos y boticas para mis bebés, cuando tocaron a mi puerta.Dejé de lado el crochet y me moví, con cautela para abrir.
Mi gestación de casi seis meses se estaba volviendo un problema.
Mi vientre era enorme, por razones obvias. Tenía que ir al baño cada dos o tres horas, mis tobillos se estaban inflando y tenía la cara completamente manchada, producto del influjo hormonal.
Abrí la puerta, y del otro lado me esperaba una siempre sonriente Bárbara.