Omër:
Como la falsa imagen de agua en el desierto, es ella.
En apariencia toda suave, toda dulce, toda bondadosa y entregada a mis deseos, pero sé, que con esta misma boca gimió para otros, y con estas mismas manos acarició a otros, porque su ambición no conoce límites.
No es una mujer decente.
Si lo fuera, habría escupido en mi cara, me habría abofeteado e insultado y se habría marchado de la cocina. En vez de eso, se rindió a mis atenciones con la facilidad y la rapidez de una mujer que está