A mediados de la siguiente semana, Susan estaba histérica.
Noche tras noche se repetían en sus sueños esas escenas eróticas y de pasión irrefrenable entre Sulima y el rey Abdul al Gala.
¡Por dios!
No era de extrañar que la mujer terminara embarazada.
Ya Susan estaba cansada de buscarle una explicación racional a sus sueños.
Por lo tanto, le había encontrado una explicación sobrenatural a todo.
Aquellos episodios extraños habían comenzado al cortarse con la dichosa jambiya, por lo tanto la jodi