Se acercó queriendo no reconocer aquella silueta tosca y los sollozos se hicieron audibles.
— Félix — Susurró para sí misma.
El corazón se agolpaban dentro del pecho, la sangre bombea hacia su cabeza en latigazos dolorosos y en su estómago crecía un agujero enorme.
La silueta dejó de asustarla. Corrió hacia el sonido que inspirada en ella el más primal de los instintos y se encontró, frente a frente con Vázquez.
— Mira lo que ha traído el gato — . Con su mano tosca y áspera la tomó por la n