Damián
—¡Te odio!… porque te amo. —exclamé. No podía callarlo más tiempo. Me solté el cinturón de seguridad y me lancé hacia ella. La tomé del cuello y la besé. Me apropié de sus labios con fiereza.
Tenía tantas ganas de hacer esto, llevaba días sin verla y aunque fuera difícil para mí aceptarlo, la extrañé todos estos días. Pasaba malhumorado, desesperado y solo esperaba el día para verla de nuevo.
—¡Damián, no! —Me empujó y me lanzó una bofetada. Toqué mi mejilla, sentía un gran ardor. Eva e