EVA
Me sentía tan cómoda que no quería levantarme a responder el teléfono. Los brazos de Damián rodean mi cintura. Podía sentir su respiración en mi cuello. Increíble que en menos de cinco horas había tenido sexo con él, con el hombre que dije que odiaba y el que juró que me odiaba.
Me levanté desganada, tenía que ser demasiado importante para que me llamaran tan temprano.
Vi la pantalla, el nombre de mi papá aparecía en ella.
—¡Aló! —respondí
—Eva necesito que salgas de inmediato hacia la