—¡Eva!, abre la puerta por favor.
Ahí estaba mi madre otra vez. Llevaba todo el día tocando la puerta de mi habitación, pero simplemente no quería pararme de mi cama para abrir la puerta.
De pronto mi madre entró.
—Tuve que buscar una copia de la llave de tu habitación.
Puse una almohada sobre mi cara, no quería ver a nadie en estos momentos.
—Mi amor, se qué te duele la muerte de Aidan, pero no puedes pasar todo el día encerrada en tu habitación.
Había pasado una semana desde la muerte de