¡Maldita sea! Precisamente el día de hoy tenía que aparecer este inútil. Él venía acompañado de otros dos hombres, y los tres entraron con tal prepotencia que llamaron la atención de las únicas personas que se encontraban en el lugar.
Miré hacia Javier y este se estaba levantando con el propósito de enfrentarlo, corrí hacia él y lo detuve —¡No lo hagas! No vale pena —Dije mientras ponía mis manos en su pecho para que no siguiera avanzando
—¡No entiendo por qué está aquí! —Reclamó
—¡Solo ignó