Nathan me miraba fijamente, mientras Elliot aún se aferraba a mi cuerpo. Mi hermano adoraba a mi loba, aunque nunca antes habían tenido un contacto directo. Elliot también tenía un lobo, pero no habíamos conversado aún. Según tenía entendido a Toderick le avergonzaba hablar con cualquiera que no fuera Elliot. Y yo no tenía idea de cómo tenía conocimiento de eso, pero ahí estaba.
Siempre que mi loba intervenía, por alguna extraña razón, mi cuerpo quedaba agotado y sin fuerzas.
Quería ser como lo